Y al final, llegó el final.

Photo + crónica: by juan sáez

10/07/2025. Plaza Toros Alicante.

Tras los rumores de despedida en la gira anterior, en la que se subió a los escenarios contra todo pronóstico, hace apenas un año JOAQUIN SABINA anunciaba que volvía a pisar las tablas, pero ésta vez lo haría para saludar de nuevo antes de bajar el telón. Una gira para despedirnos de sus canciones, para decirse adiós, un adiós que, ésta vez, no maquilla un hasta luego.

La vuelta al ruedo en el coso alicantino llegaba este fin de semana por partida doble, en una plaza de toros con el cartel de no hay billetes, en la que el maestro de Úbeda se cortaba la coleta ante el respetable.

Mientras el público terminaba de ocupar sus localidades, la función comenzaba con el homenaje de Joaquín a su cuadrilla: en la pantalla iban apareciendo Leiva, Joan Manuel, Ricardo, Carlos, Ariel, Andrés, Alejo, Jorge, Fernando, Benjamín, Antonio, y muchos más amigos, pero también su Carmela, su Rocío y La Jime, que celebraban junto a Joaquín en ese bar de los buenos borrachos, en el que Fernando León de Aranoa rodó este “Último Vals”.

Y justo entonces el maestro apareció en un último paseíllo, al tiempo que el público ovacionaba, y terminaba en ese saludo torero en el que Joaquín se descubre ante su público.

Un SABINA elegante, con su inseparable bombín cual traje de luces, tomaba asiento en un taburete que, aunque antipático para aquellos que critican a este Joaquín del que dicen que ya casi no puede moverse sobre el escenario, a mí me provoca la nostalgia de los primeros tiempos de “La Mandrágora” junto a Javier Krahe y Alberto Pérez.

Ahora sí, arrancaba el show con “Lagrimas de Mármol” (Lo niego todo. 2017) como declaración de intenciones, y todo un alegato a esa burlada muerte que le hace la segunda voz a una vida que le gusta cantar ronca de aguardiente.

Y es que el poeta ha escogido un repertorio cargado de significado, de rincones escondidos para aquél experto  buceador en los recodos de sus versos; ha buscado en el baúl de las canciones casi olvidadas para recuperar algunas de las más viejas, de las más antiguas y, como despedida, cantarlas por última vez.

“Buenas noches Alicante. Bona nit Alacant”, saludaba y agradecía Joaquín al público mientras confesaba que lo que más ha echado de menos durante su gira americana ha sido tocar en plazas de toros, y el Mediterráneo; un Mediterráneo que le recordaba la primera vez que pisó la arena de la plaza de Alicante, hace ya más de 40 años, cuando estando de vacaciones en Altea se enteró que tocaba Joan Manuel Serrat, y vino a verlo sin entonces saber que esos tumbos estupendos que da la vida le llevarían a hacer 3 giras enteras con él.

El espectáculo seguía con “Lo Niego Todo” (Lo niego todo. 2017), “Mentiras Piadosas” (Mentiras Piadosas. 1990), “Ahora que…” (19 días y 500 noches. 1999) para después sacar del fondo de ese baúl la segunda canción que escribió y que se ha convertido en un himno dentro del universo de sabina: “Calle Melancolía” (Malas Compañías. 1990).

Al tiempo, como si el escenario fuese una delicada pintura con cada cosa en su lugar, también pudimos disfrutar de las ilustraciones de Luis Tomas, que se iban proyectando mientras el cantante avanzaba en el show.

La fiesta seguía con “19 Días y 500 Noches” (19 días y 500 noches. 1999), “¿Quién me ha robado el mes de Abril?” (El Hombre del Traje Gris. 1988) y “Más de Cien Mentiras” (Esta Boca es Mía. 1994), que daba paso a la presentación de la banda al más puro estilo SABINA. Tenemos el sexo, y el rock, y la droga, los pies en el barrio y el grito en el cielo

”tenemos también algunas fantásticas bondades, por ejemplo, esta banda de músicos escogida por toda España y alguno hasta fuera, de lo mejor de cada casa:

A la guitarra y la voz, la risa y el corazón, el ruiseñor de la púa. Yo le llamo eskerrik asko, porque es vasco. Al Rock’n Roll…Jaime Asúa.

Nos faltaba una mujer y fuimos a Andalucía a buscarla, madre mía, qué voz, qué estilo, qué miel. Con su oído exquisito y su desgarro, perfuma mi canción…Marita Barros.  

Del otro lado del mar vino la mejor bajista, de Buenos Aires, tan lista que quiso aquí aterrizar. Con su swing y su compás, las cuatro cuerdas del alma toca…Laura Gómez Palma.

Tenemos en las baquetas a un poeta del chaston y los tambores, que adivina mis falsetas y cura mis desamores, el señor…D. Pedrito Barcelo.

Más joven que los demás vino a darnos alegrías siendo el último en llegar, y el primero en cualquier farra, con su arte y su maestría el adaggio y el allegro ma non troppo, a la guitarra borda…Borja Montenegro.

Baturro y cachirulero, de Ejea de los Caballeros, con las teclas y los vientos se merece un monumento. Para presentarlo baste decir que es aragonés y se viste por los pies, con su falda de escocés…el gran Josemi Sagaste.

Con las cuerdas, el teclado, y su gran voz por delante, tan dotado que dirige, ésta mi banda, y convence más que manda, desde que era un estudiante llega donde yo no llego…Antonio García de Diego.”

No me digan que esto no es una obra de arte, una canción en sí misma, un poema en toda regla, una pintura al óleo. Aute, Chavela, Pablo Milanés, Maradona, Valdano, José Tomás, Carmela y Rocío, y muchos amigos más, ya tienen colgado en el corazón su retrato en verso firmado por JOAQUÍN SABINA, ¿cómo iba a despedirse el cantante sin este regalo a su banda?

Y es que SABINA más que cantante es poeta, y siempre tiene un as escondido en la manga.

Cierto es que en esta despedida a muchos les hubiese gustado escuchar el retrato de su, durante muchos años, fiel escudero Panchito Varona, pero seguro que a ausencias tan presentes les sobran los motivos.

Llegaba aquí la hora del recreo, y Joaquín se tomaba un descanso, dejando a los mandos de la nave a Mara Barros, que interpretaba “Camas Vacías” (Dímelo en la Calle. 2002), y a Jaime Asúa con “Pacto Entre Caballeros” (Hotel Dulce Hotel. 1987).

Con el ubetense de nuevo sobre las tablas, pudimos saborear “Donde Habita el Olvido” (19 días y 500 noches. 1999), “Peces de Ciudad” (Dímelo en la Calle. 2002) y “Una Canción Para la Magdalena” (19 días y 500 noches. 1999).

Tampoco podía faltar el homenaje a su cuate Chavela, quien el día que se conocieron en Madrid, copa de por medio, le comentó que vivía en el bulevar de los versos rotos, regalándole ese maravilloso verso que sería el origen de “Por el Bulevar de los Sueños Rotos” (Esta Boca es Mía. 1994), y que tuvo la enorme fortuna de cantársela mirándola a los ojos. Un tema que nunca falta en el repertorio de Joaquín, y que interpreta mano a mano con Mara Barros.

“Y Sin Embargo” (Yo, mi, me, contigo. 1996), “Noches de Boda” (19 días y 500 noches. 1999) y “Y nos dieron las diez” (Esta Boca es Mía. 1994) cerraban el partido, para dar paso al tiempo de descuento en el que sonaba “La canción más hermosa del mundo” (Dímelo en la Calle. 2002) interpretada por Jaime Asúa y en la que se incorporaba Joaquín en los últimos compases.

Terminaba el “hola” con “Tan joven y tan viejo” (Yo, mi, me, contigo. 1996) para dar paso al “adiós” de la despedida en el que sonó “Contigo” (Yo, mi, me, contigo. 1996) y una “Princesa” (Juez y parte. 1998) rescatada del baúl de las canciones olvidadas, que finalmente le ha ganado la partida a “Barbie Superestar”, aunque en su versión rockera.

Ovación para el maestro y su banda, que consiguió abrir la puerta grande del coso alicantino en su despedida, mientras de fondo sonaba por megafonía “La canción de los buenos borrachos” (Enemigos íntimos. 1998).

Degenerado y mujeriego, con cierto aire de faquir, este hombre invisible, que una vez soñó un imposible, luce con dignidad los tatuajes de un pasado bucanero, que ante la aplastante realidad, al dormir, cerraba los ojos y se la inventaba.

Porque cantar es disparar contra el olvido y, como además sale gratis soñar, con un poco de imaginación partió de viaje enseguida, a vivir otras vidas, a probarse otros nombres, a meterse en el traje y la piel de todos los hombres que nunca pensó ser.

Apenas vio que un ojo le guiñaba la vida, le pidió que a su antojo dispusiera de él, desafiando el oleaje sin timón ni timonel. Convencido de que nunca jamás quiere decir tal vez, no se fio de aquellos que le juraron que imposible, y salió ahí para que todos supieran que esa boca era suya.

Y así creció volando, y voló tan deprisa, que hasta su propia sombra de vista le perdió, y confundió con estrellas las luces de neón.

Sin embargo, el mundo es injusto, chaval, y buscó el verano en un sueño vacío, mientras la nube negra se acomodaba en su cama, y le visitaba la muerte, que fue en extremo grave y le dejó secuelas en el corazón. Y aunque nadie daba un duro por el tipo, esta vez tampoco entregó el equipo.

Pero un día retiraron las mesas, hasta otro verano. Y viajeros al tren, que nos vamos. Aunque, ¿cómo huir cuando no quedan islas para naufragar?, así que más vale Joaquín que no tengas que elegir entre el olvido y la memoria, porque siempre hay números rojos en la cuenta del olvido.

Martínez huye al país donde los sabios se retiran del agravio de buscar labios que sacan de quicio, entre el ruido de las escaleras que se acaban por bajar.

Presiento que habrá una epidemia de tristeza en la ciudad, y quedará un desolado paisaje de antenas y de cables, porque parece que este adiós no maquilla un hasta luego y este ciego no mira para atrás.

Joaquín, nos dejas tan huérfanos de padre a todos los que mordimos el anzuelo, y buceamos a ras de suelo, que finalmente nos has terminado robando el mes de abril, y es que ya sabías dónde lo guardábamos…donde el corazón.

Y si te vas, me voy por los tejados, como un gato sin dueño perdido en el pañuelo de amargura. Porque una casa sin ti es una oficina, un teléfono ardiendo en la cabina, un éxodo de oscuras golondrinas. Porque vivir sin ti, es dormir en la estación. Vacío, como la Isla sin Camarón, así estoy yo.

Ya sabes que, aunque se aferra el corazón a lo perdido, al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.

Así que de vuelta a casa, mientras bajamos la cuesta del olvido, treparemos por tu recuerdo como una enredadera. Encenderemos ese cigarrillo, ordenaremos los papeles, resolveremos un crucigrama, y buscaremos un momento para sentarnos en la escalera a silbar tus melodías.

Además, lo bueno de los años es que curan heridas, y sin embargo, las mejores promesas son ésas que no hay que cumplir.

Así que, ya damas y caballeros, ponemos punto y final, de vuestra santa paciencia no queremos abusar. Afuera espera la noche disfrazada de mujer; canciones, risas y palmas nunca van a enmudecer. Agradeciendo al personal su estrecha participación, a punto está de terminar…la función.

Y al final, llegó el final.



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